Cuando entramos en un vacío de nuestros sentimientos nos damos cuenta que es ahí donde nos encontramos con nuestro espíritu, nuestra propia alma, quizás desolada, quizás misteriosa, pero silenciosa y aguardando por un pequeño trozo de luz que encienda el deseo de una nueva ilusión en nuestro corazón.
A su vez, en la debilidad de un corazón no existe la paz, no existe un pretexto para no dejar caer esa lágrima expectante y sedienta de dolor que nos guía hacia los sentimientos más profundos y estremecedores, que se manifiestan para dar paso a nuestro propio conocimiento como personas. Es una tormenta que choca una y otra vez contra los arrecifes de la esperanza y la libertad, tornándolos opacos y oscuros, pero que a medida que el tiempo pasa y sin darnos cuenta, habremos superado lo peor y nos estaremos adentrando en un rumbo ameno que nos establezca una vez más en nuestro sendero por el cual deberemos andar, aunque no volvemos con las manos vacías, sino más bien con un manojo de piedras que hemos levantado y que nos han hecho tropezar una y otra vez.
Aquí estamos, de pie y enfrentando un nuevo destino, con experiencias nuevas y viento a favor... no dejemos que sólo un oleaje de nostalgia apague nuestra llama... continuemos hacia lo desconocido, que hay mucho por descubrir...
SILVERHEART

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